El «uno» y las lentejas







En un principio anduvo libre sin reyes ni leyes.
Recorrió las duras tierras y vio sus amaneceres.
Conoció a las bestias y presenció su violencia.
Atemorizado buscó  refugio de aquellas amenazantes incidencias.

Y entonces vio a la naturaleza inmensa.
Se dio cuenta de su pequeñez y de su displicencia.
Y pensó...tal vez las leyes me sean de gran urgencia...
Leyes simples, leyes únicas hechas para la sobre vivencia. 

-No entraré al bosque de las bestias porque seré su presa- 
-No me lanzaré al río porque me ahogaré en sus turbulencias- 

Luego observó y habían más, con sus mismas desavenencias.
Les habló... 
¡Unámonos para nuestra supervivencia!
Entonces se ayudaron libre y espontáneamente  a favor de aquellas leyes expuestas. 
Hubo prosperidad simple y recia.
Hubo alimento y paz para aquel que lo hiciera. 
Hacer el trabajo necesario para obtener una recompensa.
Pero entonces vino quien encontró el bienestar a costas del primero. 
Pensó: estos necesitan de mi guía porque yo soy el mejor de la partida.
 Y gritó como las bestias, "¿porqué tú comes filetes y yo solo lentejas? 
Dijo a los otros: "¡ no le crean, él tiene más de lo que ustedes desean!"
¡Exíjanle que les de su recompensa!
¡Yo les daré todo! Si me siguen con vehemencia.
Dijo el comedor de lentejas. 
León Bonet 19/5/016 

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