La espada del sueño. "Los mercenarios".
El
joven Eiji cabalga veloz, atravesando la región
de Kyukoku, atormentado
por terribles recuerdos. A medio día de camino, hacia el este,
seis soldados aguardan en un tramo solitario, entre sombras de abetos
y sauces, en silencio, esperando a su inexperto líder. Los briosos
caballos de combate sobre los que montan, permanecen quietos pero
alerta, bufando y golpeando el suelo ocasionalmente. Aquellos
hombres, ataviados con armaduras completas, llevan consigo un
estandarte, el estandarte de los rebeldes de Masanori.
Diecisiete
años han pasado desde que estos seis formaron parte del ejercito
privado del Señor Katsuro, terrateniente rebelde que se oponía al
control de la poderosa y nefasta Coalición de Clanes, una agrupación
cuyo propósito era el enriquecimiento, la dominación y sumisión de
los habitantes de la región. Pero se tornaba difícil notar aquella
intención siniestra que imponía la coalición, ya que se confundía
con sonrisas en festejos e invitaciones de licor, se camuflaban con
pequeñas ayudas, unos granos de arroz por aquí, algunos cerdos
entregados por allá…
La
mayoría de estos bienes eran robados a granjeros que no simpatizaban
con el monstruo violento, desalmado y codicioso que representaba la
coalición. Estos pequeños hacendados simplemente eran desaparecidos
con sus familias, encarcelados o vendidos como esclavos, mientras
tanto sus bienes eran dados con gran pompa a otros, quienes eran
considerados ciudadanos fieles a la coalición. Ellos, se encargaban
de dar un mensaje, una suerte de propaganda, “la Coalición nos
ayuda”, comentaban entre los pobladores, -nos ayudarán a todos-
insistían… De esa forma ganaban adeptos, seguidores dependientes
de sus semillas de ajonjolí y de su opio traído del continente.
Luego de corromper y comprar algunas lealtades, numerosas bandas
criminales surgieron inexplicablemente… asaltaban y asesinaban
indiscriminadamente, las
violaciones y abusos se sucedían muy a menudo y estos actos se
encargaban de mantener los caminos desolados y a las poblaciones
aisladas, mientras en las aldeas y villas la
Coalición ejercían su fuerza sin piedad, sobre todo aquel que se
oponía a su ley.
Un
hombre alto, de vestimenta obscura y mirada abyecta, camina por un
pasillo de madera del Palacio de las Flores, hacia una sala donde se
celebra una reunión, es general del ejercito y tiende a observar al
resto de los mortales como si fueran insectos.
En
la junta se dirigió a los asistentes.
El
renegado no acepto nuestra propuesta.
-declamó
ante los planificadores que se encontraban allí reunidos-.
Daichi... ¿le advertiste de las consecuencias? -espetó un anciano oculto
parcialmente tras una sombra.
Por
supuesto, pero es terco… agregó el General Daichi
¡No
toleraremos más subversiones! -exclamó de nuevo el anciano en las
sombras-
¡Envía
las tropas!…- ordenó -…
Así
fue como con gran envanecimiento, ingentes ejércitos se enviaron al
Palacio del rebelde hacendado llamado Katsuro, para convencerlo de
unirse… Mas allí, ocurrió una gran matanza. Aquel rebelde
gobernador fue muerto en batalla, con la mayoría de sus huestes y el
feudo fue tomado por la coalición. Sin embargo, algunos escaparon
heridos y humillados de la aniquilación, lamentablemente varios de
ellos murieron en el camino, a causa de sus heridas, otros, no
soportaron la ignominiosa derrota y cometieron suicidio… a
excepción de seis, quienes se mantuvieron firmes en la búsqueda de
aquel aliado…
En
el claro de un bosque, un grupo de hombres maltrechos descansan y
curan sus heridas como mejor pueden…
Aparte,
dos dialogan, alejados del resto.
¡Keiichi!…
Hideaki
me pidió asistencia para su cometido -dijo uno con mirada dura,
como la de aquellos que han vivido muchas batallas y han perdido
algo, algo casi irrecuperable... Su rostro anguloso y nariz
aguileña lo hacía notoriamente diferente a los demás.
Keiichi
asintió con la cabeza, seguidamente, sacó de una bolsa de cuero
crudo, una piedra para afilar.
¡Isao
toma! -dijo- Y le arrojó la piedra.
Afila
bien tu espada, Hideaki es un amigo… luchó con honor… Isao tomó
la piedra y su sable y se los entregó a Katashi
Por
favor amigo -le dijo- prepara este sable. El armero afiló el acero y
lo entregó de nuevo a su dueño.
Algunos
metros más allá del claro, a la sombra de unos sauces, Hideaki se
prepara para el suicidio, los pájaros cantan alegremente pues la
mañana se presenta hermosa y soleada. Isao, se acerca y permanece a
su lado, esperando pacientemente. En determinado momento se escuchó
un sonido gutural y el importunado comienzo de un grito desesperado…
Isao levanta rápidamente su espada y antes de que el grito del
moribundo sea más fuerte… asesta un golpe certero. La cabeza de
Hideaki rueda por los suelos, mientras su cuerpo cae pesadamente
contra el árbol que le daba sombra, la sangre brota de sus arterias
y mancha el tronco y el tapete en el que estuvo arrodillado, su
cabeza luego fue recogida e incinerada junto con el cuerpo del
guerrero en una pila funeraria que ardió toda la noche. A la mañana
siguiente prosiguieron su marcha, algo estaba claro, cada vez eran
menos...
Notas
del autor:
Estos
son los seis mercenarios que acompañan a Eiji en su lucha.
Isao:
es el estratega militar, un soldado serio hecho en batalla y muy
hábil planeando ataques y emboscadas. Como el Señor Masanori, Isao
también pierde a su esposa y al primogénito a manos de la
coalición, pero de la hija no se recupera su cuerpo, Isao, sospecha
que fue vendida como esclava y la busca constantemente.
Rokuro:
Es un hombre de noble corazón. Un poco regordete y glotón, come de
todo y es fuerte como una roca, gran conocedor de la pesca, cocinero
y buen consejero en asuntos “caseros”
Keiichi:
junto con Isao se encarga de liderar las intervenciones armadas, pero
a diferencia de él, Keiichi aún tiene familia, de la cual nunca habla, para
no exponerlas con sus enemigos, es muy hábil con el sable y muy buen
tirador con arco y mosquete, suele ser un líder, el equipo suele
apoyarlo en sus decisiones… aunque alguna veces no…
Takehiko:
Es un ninja taciturno, versado en las artes obscuras, conocedor de
antiguos hechizos, su rostro siempre está oculto tras una mascara
negra que solo deja al descubierto unos ojos blancos y refulgentes,
su edad es desconocida, nadie parece recordar su nacimiento o algún
momento en el que no estuviera, es muy hábil en el arte del sigilo,
en batalla se le ha visto lanzar masas luminosas de sus manos,
derribando a los oponentes que se encuentren cerca.
Hiro:
Es despreocupado y mujeriego, suele gastar su dinero en salas de té,
bebe alegremente y es jugador y apostador, la Coalición lo busca por
robo de opio y pende una sentencia de ejecución sobre él si lo
atrapan. Sin embargo Hiro es un gran guerrero y conoce algunas
personas en los barrios bajos que resultan de gran beneficio.
Katashi:
Es el armero y maestro forjador, repara y diseña armaduras,
armamentos y dispositivos capaces de desafiar la física en
ocasiones… posee conocimientos de ingeniería muy avanzados para su
tiempo y suele entrar en una especie trance cuando La Espada del
Sueño lo llama. Es el más cercano a Eiji, algunos dicen que también
es hijo del Señor Masonori.
León
Bonet 13/12/016


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